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El Cisne Negro

Hoy te voy contar una experiencia que he vivido hace poco, concretamente el mes de octubre. Espero que te inspire para que tú también estés atento a los símbolos que se te presentan en el día a día, ya que es una forma de recibir mensajes directos que te envía el inconsciente, y si aprendes a interpretarlos supondrán un canal de autoaprendizaje que estará disponible para ti de por vida.

Un día que volvía en bici del trabajo a casa, me llevé una gran sorpresa. Normalmente, suelo salir muy acelerada de la escuela y el trayecto en bicicleta que hago de regreso a casa es para mí un bálsamo de aire fresco muy agradable. Voy bordeando la Bahía de Txingudi, justo en el lugar donde desemboca el Río Bidasoa, y observo toda clase de aves tanto locales como migratorias mientras pedaleo, así me relajo con ellas en el fondo azul del mar. Es uno de los grandes placeres que disfruto cada día.

Esa tarde de otoño, ya llegando al paseo de la playa giré y vi un gran cisne negro frente a mis ojos. Paré la bici para mirarlo de más cerca, ¿desde cuándo los cisnes son negros? Debe de ser otra ave… Pero no, sin duda alguna era un cisne, negro azabache con un pico de color rojo vivo. Me quedé impresionada, ¡qué sorpresas da la vida!, pensé, miré hacia el cielo para ver si pasaba algún elefante volando, pero que va. Le saqué un par de fotos al cisne y seguí pedaleando hacia la playa, me quedaba poquito para llegar a casa. «Ya miraré en google esto de los cisnes negros». Había visto animales albinos como tigres blancos o el gorila Copito de Nieve de Barcelona, ¡pero cisnes negros jamás!

Aquí lo tenéis, mi cisne precioso. Como ves aquí lo tengo cerquita, porque esta foto la saqué otro día, la historia siguió. Sigue leyendo…

Llegué a casa y mientras me tomaba mi cafécoleche googleé «cisne negro». Por supuesto, en primeria línea wikipedia me contaba que esta ave anseriforme es originario de Australia y residente de Tasmania, y que hasta el siglo XVII en el resto del mundo se pensaba que todos los cisnes eran blancos. Bueno, yo lo acababa de descubrir en el siglo XXI, no pasa nada…

Todas las siguientes entradas de google hablaban de La Teoría del Cisne Negro. Cliqué sobre una de ellas y decía así:

La teoría del cisne negro es una metáfora que, en el ámbito económico, describe aquellos sucesos que ocurren por sorpresa, que ningún analista había previsto ni tenido en cuenta porque, a priori, eran improbables y que, para bien o, generalmente, para mal, terminan teniendo un gran impacto y repercusiones trascendentales.

¡Anda! Pues también es una metáfora, fíjate… Me parecía curioso, pero no le di mayor importancia. Vi que también hay una película titulada «El Cisne Negro», incluso una pieza musical de Chaikovsky.

Fue al día siguiente que al llegar a casa me encontré con un hombre en en portal junto a los contadores de la electricidad, buscaba justamente la caja eléctrica de mi apartamento y pretendía cortarme la luz. «¿!Cómo?! Pero, ¿si en mi casa todo es eléctrico, porqué me va a cortar usted la luz?», le respondí sorprendida. «Pues mire» me dijo sacando una orden de su bolsillo, y siguió «debe usted 793 euros de luz que no ha pagado». Yo había pagado en cheque una factura de electricidad de ciento y pico la semana anterior, «debe de ser un error, señor, no me corte nada que llamo inmediatamente a la compañía». Se enrolló, pero me dijo que volvería al día siguiente.

Efectivamente, tenía una deuda de 793 euros. La telefonista fríamente me dijo que en enero habían dejado de domiciliarme los pagos y que no entendía cómo no me había dado cuenta. Me enfureció muchísimo, la semana anterior habían confirmado el cobro de mi último pago, y yo no había recibido ninguna notificación de aviso de deudas. Me habían venido a cortar la luz directamente. Por si no lo había dicho antes, vivo en el sur de Francia, ahí lo dejo, como dicen los adolescentes de hoy, sin más…

Justo estaba pasando una malísima racha económica, el padre de mi hijo no me había pasado la pensión en todo el año y yo había tenido gastos extras en verano, me resultaba dificil llegar a fin de mes. Le convencí a la mujer para que me dejara pagar la mitad de la factura a cambio de mantener la electricidad en casa, y menos mal, porque de otra manera no habríamos podido cocinar, ni ducharnos y tendríamos que comprar un camión de velas para poder andar por casa.

Pero esto no fue todo, las cosas fueron de mal en peor. Al día siguiente me llegó otra factura inesperada, más de los mismo con el agua, 547 euros de pufo. ¿El banco había cancelado las domiciliaciones de mi cuenta sin avisarme? ¿Porqué nunca miro mi cuenta francesa? Me empecé a autoinsultar un poco, por mi despiste de siempre… Aparte, y esto ya lo sabía, en el último trimestre del año suelo recibir otros 450 euros de factura por los impuestos de la casa, ¡y estaba sin un duro!

¡OSTRAS! ¡¡¡¡¡EL CISNE NEGRO!!!! Él me avisó.

Entré en una especie de desesperación, pero a la vez pensé «Bueno, tengo un buen sueldo fijo y con la extra de navidades los superaré todo.» Y empecé a apretar el cinturón de forma radical.

A las dos semanas de este hecho, cuando ya me había recuperado del susto, volvía sonriendo placenteramente en mi bici cuando de lejos volví a ver la sombra negra de cuello largo atravesando la bahía con su chulería. «¡Nooooo! ¡Otra vez ese cisne no!» Desde aquel día no lo había vuelto a ver, ni siquiera sabía que existían y ésta era la segunda vez en poquito tiempo que me sorprendía. Esta vez no paré a hacerle fotos, pasé de largo y me vine a casa volando.

Esa misma tarde mi novio perdió su trabajo. Vive en un pueblito de Navarra, había entrado ya la segunda ola de la pandemia COVID-19, por lo que iban a cerrar el restaurante donde trabajaba. Además, otra de las medidas urgentes era el cierre perimetral de la Comunidad Navarra, y visto que el panorama iba para largo decidió pasarse a Francia e instalarse en casa. Nuestra situación económica cada vez estaba peor, y yo pensando en el dichoso cisne y su metáfora, «sucesos económicos que ocurren por sorpresa, improbables y que, para bien o, generalmente, para mal, terminan teniendo un gran impacto y repercusiones trascendentales.»

Decidí que sólo me quedaban dos opciones, evitarlo o ir a por él y mirarlo de frente a los ojos, para atravesarlo, como se hace con el miedo. Elegí esta segunda opción y empecé a indagar más. ¿Quién era el «cap…» que le había dado vida a esa metafora del cisne negro? Sin buscar mucho di con el autor de un libro titulado «El Cisne Negro», un libanés residente en los EEUU llamado Nassim Taleb. Y me zambullí de lleno en su filosofía, que aún hoy me sigue atrapando por lo afín que es a mis ideas y por su capacidad de expresar de manera concisa lo más sutil de mis percepciones ante la vida. Por su puesto compré su libro, lo tengo en el mesanoche. En el siguiente punto os lanzo un resumen de lo que dice.

El cisne de lejos, en la Bahía de Txingudi

Filosofía del Cisne Negro, por Nassim Taleb.

La idea principal de esta excelente filosofía del Cisne Negro es resaltar nuestra ceguera respecto a lo aleatorio, y en particular, frente a las grandes desviaciones respecto a lo «normal» y lo «esperado». El autor sostiene un pensamiento inquietante: cuantos más periódicos leemos, cuanta más información manejamos, más ciegos nos volvemos, y más alimentamos el efecto túnel, en el que nos sentimos cómodos. Antes del descubrimiento de Australia, el Viejo Mundo estaba convencido de que todos los cisnes eran blancos: las pruebas empíricas lo confirmaban… hasta que apareció el primer cisne negro. En los últimos cincuenta años, los diez días más extremos en las Bolsas representan la mitad de los beneficios. Diez días en cincuenta años. Pese a ello, las finanzas convencionales consideran que estos saltos de un día son meramente anomalías…

Por lo tanto un Cisne Negro es un suceso con tres atributos: 1. Rareza. 2. Que produce un impacto tremendo. 3. Que una vez ocurrido hace que inventemos explicaciones sobre su existencia, con lo que se convierte en explicable y predecible.

La historia por lo tanto es opaca. Se ve lo que aparece, no el guión generador de la historia. Es similar a la diferencia entre la comida que vemos llegar a la mesa y el proceso que podamos observar en toda su elaboración. La mente humana padece tres trastornos: 1. La ilusión de comprender. 2. La distorsión retrospectiva. 3. La valoración exagerada de la información factual.

Esto me recuerda al concepto de la mente consciente/inconsciente. El cerebro humano utiliza únicamente el 2% de su energía en la actividad consciente, el resto, es trabajo del inconsciente. Este último es realmente el que manda, sin embargo, muchos de nosotros aún vivimos dándole la espalda al inconsciente, sin prestar atención a los toques que nos da a través de la intuición y otros modos de comunicación. Son los mensajes a los que me refería al principio de este artículo.

Y junto con esta idea, la tendencia del ser humano a encasillarnos: Del Madrid o del Barsa, de izquierdas o de derechas, los pro-mascarillas o los negacionistas…. Hay varios problemas que generan la ceguera ante el cisne negro; en primer lugar nos centramos segmentos preseleccionados de los conocido y a partir de ahí generalizamos. Después, nos comportamos como si el cisne negro no existiera, sin darnos cuenta de que lo que vemos no es todo lo que existe, y por último «tunelamos», es decir, nos centramos en unas fuentes bien definidas de la incertidumbre. Tenemos la tendencia natural a fijarnos en los casos que confirman nuestra historia y nuestra visión del mundo.

Como ejemplo y para terminar, piensa en el pavo al que el granjero da de comer todos los días. Cada vez que lo alimenta, aquel confirmará la creencia de que la regla general de la vida es que a un pavo lo alimentan a diario unos seres del género humano porque «velan por sus intereses». La tarde del miércoles previo al día de Thanksgiving al pavo le ocurrirá algo inesperado: su Cisne Negro…

En resumidas cuentas viene a decirnos que sobreestimamos lo que sabemos e infravaloramos la incertidumbre, en una especie de inercia de autoengaño.

Una de las recomendaciones que más me ha servido del libro de Nassim Taleb que aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo. Hay que estar cerca de las fuentes de incertidumbre positiva, recojamos todos los billetes gratuitos que podamos. Empecemos tantos proyectos como podamos, y relacionémonos con tanta gente como nos sea posible. Siempre con precaución, deberíamos ser muy agresivos cuando podemos quedar expuestos a Cisnes Negros positivos, y muy conservadores cuando estamos bajo la amenaza de un Cisne Negro negativo.

Conclusión: No corras para coger el tren… no correr demuestra, además de elegancia y estética en la conducta, sensación de ostentar el control de nuestro tiempo, nuestros planes y nuestra vida. Y te abres a nuevos caminos, montarte en otro tren puede implicar un encuentro inesperado, por ejemplo… Perder el tren sólo produce dolor al que corre para tomarlo. No ajustarse a la idea de éxito que los demás esperan de uno sólo es doloroso si eso es lo que se anda buscando.

Pero… ¿qué pasó con nuestra historia del cisne?

Tras este gran hallazgo maravilloso del gran Nassim Taleb, salí en busca del cisne, ya no quería que me sorprendiera más, YO lo iba a buscar a ÉL. Una mañana, madrugué un poquito más y con mi bici me acerqué a la bahía con intención de recorrer todo el camino del mar primero y después bien adentrado el río hasta encontrarlo. No tardé, se encontraba cerca de la playa, al principio de mi paseo. Aún estaba oscuro, y lo vi entre los patos, tranquilo en el silencio de la noche. Mentalmente le hablé, le di las gracias por todo el aprendizaje y le dije que ya estaba abierta a nuevos caminos en mi forma de vivir la interpretación de la realidad.

Al día siguiente lo volví a ver en el mismo lugar, pensé que quizás sería ese el lugar donde dormía. Desde entonces lo he buscado varias veces, no siempre lo he encontrado, durante largos períodos desaparece, pero luego vuelve a aparecer, es mágico. Tras una de estas temporadas largas de desaparecido, un día le sorprendió a mi novio. En seguida me envío una foto por whatsapp «¡ha vuelto!». Se dirigía a casa de su madre a recoger una carta que le había llegado, y resulta que esa carta era una multa. Ese día le expliqué todo lo que me había ocurrido y le enseñé mi libro y la teoría de Nassim Taleb. Desde entonces, de vez en cuando salimos juntos a buscarlo para ofrecerle pan duro a trocitos. ¡Le encanta!

En definitiva, tardamos muy poco en olvidar el hecho de que estar vivos es un elemento de extraordinaria buena suerte, un suceso remoto, una ocurrencia del azar de proporciones monumentales. Así que dejemos de preocuparnos de menudencias. Recordemos que somos UN CISNE NEGRO.

4 Comments

  • Dorothy Finley
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